Carta abierta al Colectivo 1984

Hubo un tiempo en el que las asambleas no se retransmitían por streaming, los actos no tenían hastags y una lata de metal en la que metíamos monedas hacía las veces de crowdfunding. Hubo un tiempo en el que mirábamos desde la distancia los platós de las televisiones, nos movíamos con la gente “del rollo” por el Patio Maravillas, nos debatíamos entre volcar nuestros esfuerzos en el barrio o hacerlo en el movimiento estudiantil. Fueron años teñidos de rojo y negro, de estrellas y fanzines y canciones de Hechos Contra el Decoro y Habeas Corpus.

“El 84” ha sido hogar de más de un centenar de militantes durante quince años. Un espacio atípico, que nació a caballo entre Pozuelo y Aravaca y exportó ideas y cuadros políticos a los principales movimientos y organizaciones de la izquierda madrileña. Fuimos No a La Guerra, V de Vivienda, Rompamos El Silencio, la Coordi, el movimiento contra Bolonia, el 15M, el ciclo feminista y, por supuesto, Podemos. Hoy entre los antiguos militantes del Colectivo hay concejales, diputados e incluso candidatos a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, además de decenas de activistas brillantes y comprometidos.

5c745e9e-d35a-4381-8124-42e4dc184918Es difícil explicar lo que han sido los quince años del Colectivo sin detenernos en multitud de detalles. Sin embargo, diría que hay tres elementos que por encima de todos hicieron posible que la experiencia fructificara. El primero de ellos es el barrio de Rosa Luxemburgo y el ánimo luchador de tantos vecinos que siempre fueron un apoyo para los jóvenes que nos iniciábamos en política. El segundo es la conciencia de lo público que se ha desarrollado en los entornos de izquierdas de Pozuelo y Aravaca: zonas devastadas por el PP en las que quienes estudiamos en los centros públicos adquirimos un fuerte sentido social y de defensa de los derechos de las mayorías. Y por último, la capacidad política de un grupo humano extraordinario en el que primó la cooperación, el sentimiento de comunidad y una cierta irreverencia hacia los convencionalismos de todo signo político.

Se despide una de las escuelas más fructíferas de la izquierda madrileña tras quince años en la trinchera. Las ideas y la experiencia permanecen vivas en multitud de proyectos políticos y sociales, que constituyen el mejor legado que una organización puede dejar. Las fiestas de primavera, la independencia de Aravaca, el otro Pozuelo, las reuniones de los martes, las “cerves” en el Censurados, los repartos en los “tutos”, los libros de Ballestrini, las huelgas generales, los conciertos de Sátira Sativa, el 20-N… recuerdos, todos ellos, de aquellos años maravillosos sin los cuales que sería imposible entender el presente y que configuran un patrimonio político y cultural que servirá para el cambio que está por venir.

Porque fuimos, somos. La lucha es el único camino.

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