El último adiós a Diana

El 22 de agosto de 2016 Diana no logró llegar a casa. Durante muchos meses un ejército de voluntarios y profesionales hizo cuanto pudo por localizarla, por entender el motivo por el que aquella noche de verano una joven vecina de Pozuelo no regresó a la vivienda en la que estaba pasando sus vacaciones. Ese trabajo concienzudo, milimétrico y prudente contrastaba con un intento por parte de algunas televisiones de convertir esta dramática situación en una suerte de reality en torno al dolor de una familia que, pese a todo, ha demostrado una entereza admirable.

El tiempo pasaba y la esperanza de localizar a Diana con vida se reducía al ritmo que crecían las especulaciones televisadas acerca del contexto personal de la desaparecida. En estos meses he oído cosas por las que el director de más de un programa de televisión debería presentar inmediatamente su dimisión: valoraciones acerca del tipo de amistades de Diana, su aspecto físico, el divorcio de sus padres, un posible trastorno de la personalidad y un largo etcétera de circunstancias que sutilmente generaban un estado de opinión que en cierta medida responsabilizaba a la víctima de su propia desaparición.

El pasado 31 de diciembre la Guardia Civil encontró el cuerpo sin vida de Diana y a los pocos días se sugirió que podría haber sido víctima de una agresión sexual cuyo autor sería un hombre que, según han informado, podía ser responsable de más casos. Diana, por tanto, fue una de las mujeres cuya vida fue arrebatada por un hombre en el año 2016 por el mero hecho de ser mujer. Ninguna de las circunstancias que una parte de los medios de comunicación utilizaron durante meses para reconstruir una supuesta vida rota, llena motivos que explicaban su desaparición, sirvieron para explicar lo sucedido sino para vender minutos en máxima audiencia.

El 17 de enero asistí, junto con el resto de concejales del Ayuntamiento, al funeral de Diana. Mirar a los ojos a personas a las que les ha arrebatado a un ser querido de la forma más cruel y cuyas vidas han sido juzgadas varias horas al día en muchos programas de sucesos, te invita a hacer una reflexión sobre el tipo de sociedad que los mass media han contribuido a generar.

Valgan estas líneas a modo de despedida de quien nunca debió desaparecer. Pozuelo no te olvida.

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