Primera fase: El fin del monopartidismo en Pozuelo

Avanzamos más rápido de lo que alcanzamos a ver. Cuando llegamos al Ayuntamiento lo hicimos con la ilusión de ser voz de muchos, de visibilizar realidades que hasta el momento habían caído en el olvido por parte de los viejos partidos y en particular de quien había gobernado durante las últimas décadas, pero siempre fuimos prudentes. Sabíamos que caer en la ensoñación de pensar que ya habíamos hecho lo más difícil nos llevaría antes o después a  constatar nuestra equivocación. Lo más difícil estaba por llegar y aun hoy lo está.

El reparto de poder entre las fuerzas con representación en el Pleno no lograría impedir que el PP volviera a gobernar en Pozuelo, lo que en el léxico actual viene a significar que el cambio aún tardaría un poco en llegar. Comenzó en mayo de 2015, por tanto, una larga travesía en la que nos tocaría asumir el reto de avanzar metros en un terreno lleno de obstáculos y con pocas herramientas para enfrentarlos. Política revolucionaria made in Pozuelo.

Desde entonces han transcurrido veintiún meses, nos hemos curtido en la batalla institucional y creo que hoy conocemos Pozuelo aún mejor que en 2015. Y precisamente es ahora cuando tengo la impresión de que hemos recorrido muchos más metros de los previstos, que hemos conseguido acelerar el proceso en el que nos embarcamos en 2015y que en el Ayuntamiento de Pozuelo están pasado cosas que todos pensábamos que llegarían más tarde. No estaba previsto que un Gobierno con mayoría absoluta que controla todos los resortes del poder y que dispone de un ingente aparato político, administrativo y cultural a su servicio pudiera sentirse acorralado por la estrategia de la oposición; no estaba previsto que el Gobierno se viera obligado a rectificar públicamente errores, a desautorizarse una y otra vez ante el impulso político de otros, a constatar que en Pozuelo hace tiempo que se abandonó el objetivo de hacer oposición al PP y se apostó por el de construir una alternativa de Gobierno. Definitivamente no estaba previsto que cada Pleno se convirtiera en un suplicio para el PP, que gana las mociones en la sala con brazos de madera pero las pierde estrepitosamente en la calle.

El Gobierno de Quislant sufre en silencio las consecuencias una estrategia (la de la oposición) bien definida, generosa y que ha puesto a Pozuelo por encima de cualquier otra prioridad. Una estrategia coral, quizás la única posible, pero que en todo caso se está demostrando como la más eficaz para acelerar los acontecimientos. Ayer el Gobierno se vio obligado a pisar el freno de su apisonadora, a asumir públicamente que la modificación del Reglamento Orgánico del Pleno que impuso Quislant a puerta cerrada ha sido un error de primera magnitud que había que solventar de alguna manera. Y ciertamente estoy convencido de que se equivocarán aquellos que busquen en esta maniobra del Gobierno una toma de posición sincera sobre la cuestión: esto es política de cara a la galería y por el momento no pasarán de los gestos. El PP no va a echar atrás la reforma del ROP sino que buscará limpiar su imagen mediante concesiones superficiales que no alteren la estructura institucional que les viene permitiendo gobernar sin contrapesos ni control político. De la firmeza que demostremos desde la oposición dependerá que más pronto que tarde se conviertan en auténticos avances que impongan la normalización democrática del municipio.

La primera fase del proceso ha concluido: ha comenzado el fin del monopartidismo.

 

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