Marea Joven: ¿tortugas o liebres?

La apertura del debate sobre lo juvenil en el ámbito de las fuerzas del cambio y en particular en el de Podemos era una tarea pendiente. Con ella renacen viejas discusiones acerca de la pertinencia de reconocer a la juventud como sujeto capaz de plantear una hoja de ruta no subordinada a la propia de los aparatos o la conveniencia de explorar vías de autonomía frente al control organizativo que los partidos clásicos han desarrollado sobre sus propios grupos juveniles.

Un movimiento juvenil debe aspirar a representar esa identidad colectiva (generacional y multitudinaria) y para ello encontrar un momento fundacional es imprescindible.Partir de ese momento constituyente, delimitando con nitidez”lo que somos y lo que no somos” y las experiencias en las que nos miramos es la condición sin equanon para que superar lo que sería una experiencia de movilización coyuntural y convertirse en un movimiento de época capaz de sobrevivir a los periodos de reflujo. En este sentido, construir movimiento juvenil sobre la historiografía del 15-M y la cultura política que ha impregnado a una generación a lo largo de los años posteriores, es un reto que corresponde afrontar.

 

En un momento como el actual, en el que lo electoral-institucional empapa hasta el último resquicio de los movimientos que se reivindican del cambio, existe el riesgo de que la experiencia de construcción juvenil que se pretende mute hacia un modelo limitado de agitación electoral. Frente a este modelo que concebiría  la organización juvenil como un mero instrumento propagandístico del partido, tenemos la obligación de ofrecer una vía alternativa basada en el empoderamiento y la organización de base, en la construcción de poder popular con base territorial. En suma, podemos estar ante la tesitura (una vez más) de optar entre el ciclo corto y el ciclo largo, entre ser tortuga o liebre en nuestra particular fábula emancipatoria, y todo ello con la salvedad de que en esta ocasión tenemos la certeza de haber refutado la llamada hipótesis Vistalegre, que pronosticaba una victoria electoral rápida. Por eso defiendo en este artículo ser tortugas, organizarnos en los barrios para un ciclo que probablemente no se resolverá el próximo 26 de junio y en el que poco a poco deberán irse incorporando nuevas formas de movilización que superen los estrechos márgenes de los procesos electorales y para las que debemos estar preparados.

Incorporar una ki9Ie1ct_400x400visión de lo juvenil superadora del ámbito estrictamente estudiantil es otra de las ideas a tener en cuenta. Transformar y reformar, no es lo mismo. Sustituir y subvertir tampoco. Es importante construir desde la base una idea de cambio que incida sobre los elementos estructurales del sistema, que huya sin complejos de lo que popularmente hemos llamado “relevo de élites”, explorando la opción de un nuevo protagonismo popular que entronque con la realidad económica y social de la mayoría. Por este motivo es importante que adoptemos una perspectiva integradora de las diversas realidades juveniles, atravesadas por los nuevos modelos productivos y de control social, y de los múltiples espacios en los que se representa el conflicto: universidades, institutos, trabajo invisible, falsos autónomos, centros de trabajo, etc. Todo ello forma parte del sujeto colectivo que pretendemos impulsar y no puede ser reducido a la  figura del joven de clase media, formado en universidades de prestigio, que se ve obligado
a salir del país en busca de un futuro profesional acorde a sus expectativas. A día de hoy el 75 % de los hijos de las familias con ingresos bajos no acceden a estudios universitarios y el 63% de los jóvenes de entre 25 y 34 años no tiene título universitario.

Por último, Marea Joven tiene que ser un espacio vivo e insertado en la sociedad real. Un espacio que permita construir redes en la sociedad civil, permeable a las nuevas tendencias culturales de los jóvenes y comprometido con formas organizativas nacidas de la experiencia 15M. Estar presentes en las fiestas de los barrios y pueblos de Madrid, trabajar con las asociaciones de vecinos, intervenir sobre los conflictos locales, impulsar acciones en los diferentes ámbitos profesionales y educativos, formar militantes… Hay mucho por hacer y condiciones para que salga bien. Solo hay que empezar: despacito y con buena letra.

 

 

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