La cara B de Somosaguas. Segundo capítulo: aislados

Hay vecinos que tienen la mala costumbre de reclamar lo que les corresponde. Una práctica ancestral que quien gobierna en Pozuelo se ha esforzado en combatir, si bien no siempre con el mismo éxito.

Los vecinos de la cooperativa de Somosaguas son una especie no identificada por el Equipo de Gobierno. La Alcaldesa Quislant se esfuerza por comprender qué ha podido pasar para que un colectivo que comparte barrio con esa high class que tanto le gusta tenga un enfado  tan monumental. Se frustra. Se enfada. Llama a sus asesores, que no entienden nada.

En el paseo con mi amigo por la Carretera de Húmera, a la altura del Campus de la UCM, dejamos atrás el carril bici y nos dirigimos hacia la famosa pasarela. Sí, la pasarela, ese puente colgante estilo San Francisco que nos da la bienvenida cuando venimos desde Madrid por la M-503 y desde el que se contempla mejor que desde ningún sitio la fea boina negra de la ciudad vecina.

Los problemas no tardan en llegar. Son tan evidentes que se darían de bruces con el encefalograma más plano de planeta, lo que no ha evitado que pasen desapercibidos para los sucesivos alcaldes. ¿Cómo es posible? Pregúnteles a ellos. No soy capaz de explicarlo.

Resulta que nuestros vecinos de Húmera tienen la fea costumbre de querer caminar a pie hasta la Avenida de Europa. Es su conexión con el resto de Pozuelo e incluso con Madrid, puesto que algunos de los autobuses que necesitan tomar para llegar a Moncloa  pasan porimage4 (4) allí. El kiosko, la panadería, los restaurantes, los cajeros, los supermercados… casi todos los servicios que necesitan en su día a día se encuentran en la otra orilla de ese magma carriles y rotondas que es la M-503. Por tanto, atravesarla es una necesidad diaria para la mayoría de los vecinos de este barrio de Pozuelo.

La solución propuesta no tiene desperdicio y de ahí su fracaso. Los vecinos se ven obligados a atravesar por la famosa pasarela. Y da igual que llueva, nieve o las sacudidas del viento puedan desequilibrarles; a estos vecinos les toca asumir si quieren seguir viviendo allí. Poco importa que unos vayan caminando y  otros en bicicleta, porque la pasarela es una e indivisible y por eso todosIMG_0869 pasan por ella. Si vas en bicicleta agachas la cintura para evitar que la exposición al vacío pueda provocarte vértigo, si caminas te agarras con convencimiento a la barandilla para evitar resbalar y si tienes la mala suerte de que tu paso coincide con el de otro vecino que lleva carrito, silla de ruedas o la propia bicicleta, game over: te detienes en esa tierra de nadie a 50 metros de altura y acuerdas quién pasará primero para evitar choques. Todo un lujo.

 

Hay otra opción si cabe más arriesgada. ¿Recordáis la escena de la película “El Bola”, de Achero Mañas, en la que los chavales juegan a coger una botella de las vías del tren en el momento justo antes de que éste pase? Pues el paso del que os hablo es la versión pozuelera de  este juego mortal. Algunos vecinos y  estudiantes de la facultad, ante los problemas que supone la pasarela, han optado por abrir nuevos caminos a ras de suelo. Los caminos discurren por la zona descampada que se encuentra al pie de la carretera y la atraviesan sin miramientos. Dos cruces en dos zonas en las que no hay pasos de peatones, ni semáforos, ni resaltos para la reducción de la velocidad, ni nada de nada. Peatones frente a vehículos que circulan a velocidades considerablemente altas.

Recorro con mi amigo estos caminos improvisados y comprIMG_0867uebo en primera persona lo que se siente al ver pasar a escasos centímetros de tus pies un vehículo a 60 ó 70 kilómetros por hora. El reto de cruzar no es ninguna tontería porque no hay margen para el error. Un tropezón o un coche demasiado rápido pueden provocar daños irreparables. A mi amigo no le consta que hayan atropellado por ahora a nadie, pero reconoce que es una locura cruzar por ahí. Según me dice, el único motivo por el que él lo hace en ocasiones es por el vértigo que le provoca la dichosa pasarela. 

El día está oscuro. Pregunto por la iluminación. ¿Cómo sois capaces de cruzar de noche? Parece una tontería pero el único autobús nocturno al que se puede acceder desde esta zona (N902) está a unos 10 minutos en la Avenida de Europa. Nuestro guía improvisado dice, con media sonrisa de hartazgo, que ese es otro de los problemas. Los vecinos denuncian que por la noches, cuando los jóvenes vuelven a casa, a menudo hay atracos en la pasarela. Es una zona alejada, sin iluminación y sin escapatoria posible. Vamos, el escenario perfecto para este tipo de sucesos. Mi amigo me confiesa que hay gente que pasa miedo y mi indignación alcanza cotas máximas.

Nos alejamos de este punto negro con mucha información y una idea clara de lo que necesitan los vecinos de Húmera. Un esfuerzo ínfimo, de apenas unas horas, para el que sólo ha hecho falta un poquito de dedicación y voluntad de escuchar. Cuánto podría mejorar Pozuelo si los de siempre despegaran el culo del sillón y bajaran a la calle a hablar con la gente…

 

 

 

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